• Elsa

De Madres a Madres


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Ser madre nunca ha sido tarea fácil. Eso es el lugar común que he oído desde niña, y ya lo he vivido

en carne propia, con mi primera experiencia como mamá. En este mundo de la información, me parece que ser madre tiene otros retos que desconocían nuestras mamás y abuelas. Ahora todos estamos sobre expuestos a la información, pero a la vez las mujeres nos volvemos madres más en soledad que antes, ya que la maternidad, para la mayoría llega a nuestra vida, para sumarse a todo lo demás que somos: esposas, trabajadoras, ciudadanas, amigas, tías, etc. En mi caso, que no me desenvolvía en un contexto de mamás, mi opción de vida no ha sido la maternidad exclusiva, suplí esa falta de conocimientos, desde antes de nacer mi hija, con un robusto aprovisionamiento: descargue las apps de maternidad en el celular, me inscribí a revistas de bebés, compre libros, me apunté a cursos de crianza, tomé nota de todos los consejos de cuanto médico visité, asistí a las ferias de bebés, organice baby showers, me reuní con amigas, tías, abuelas y familiares lejanos, todos con múltiples recomendaciones y sugerencias de lo que se debe hacer en cada caso, y por supuesto agendé una larga cuarentena en compañía de la mejor maestra, mi propia madre.

Todo esto sucedió en una espera maravillosa por las incontables novedades y sorpresas, en la que quise seguir con mi vida previa al embarazo, y aunque todo cambió, me esforzaba por seguir igual, en ese absurdo afán de algunas mujeres en proponernos hacer de todo y bien, lo posible y lo que no es tanto, también.

Pero llegado el momento de poner a prueba todo lo aprendido, me di cuenta que mi experiencia y como se desarrollaba no estaba en la norma, y que el afán de perfección en el oficio de ser mamá, no responde a la razón y a seguir el patrón. Aquí lo perfecto, puede resultar lo más loco e imperfecto, y hay cosas que no corresponden a ningún consejo previamente adquirido, no hay reglas uniformes para la lactancia, la caída del ombligo, o ablactación, o la pañalitis, aquí la guía es la propia intuición, aún hasta desafiando incluso las más ortodoxas tradiciones familiares de cuidado y crianza de los bebés.

Esto me hace pensar en aquella frase de Pascal “Le cœur a ses raisons que la raison ne connaît point” – y si bien el filósofo reflexionaba sobre otros temas cuando acuño la frase, creo que esta idea no podría ser más aplicable a la intuición que desarrollamos las mamás. Ser madre es una acción del corazón, única e irrepetible, por muchos hijos que se tenga, llena de un amor inexplicable, puro, perfecto en su imperfección, generoso y sí, por qué no decirlo, abnegado.

Es esta tarea, hoy sigo buscando consejos y tips en cada etapa que transcurre, pero he aprendido a liberarme de la angustia de lo inexplorado, remplazando este sentimiento por un desconocimiento en calma, con la esperanza y cierta certeza de que todo saldrá bien, por una alguna razón que no puedo explicar. Mi hija aprenderá lo que tiene que aprender y logrará llegar a cada etapa a la que debe llegar; eso sí a su manera única y perfecta, mientras que yo espero seguir como un testigo que la acompaña y la guía en el inicio de la aventura de la vida.

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